El viejo tiempo ha empezado la cuenta de mis parpadeos, de mis pisadas, de mis muecas. Me pisa los talones y luego me abandona y me mira a la distancia, con la vista fija en mi, y luego en un punto lejano. Los mosquitos de mi cabeza han intensificado su zumbido y sus picaduras empiezan a aparecer por entre mi piel....necesito un matamoscas mental. Suspiro, suspiro... suspiro... inhalo... exhalo...me olvido de botar esa bocanada amarga.
A caminar se ha dicho y a esperar. No veo nada solo cabezas y brazos que se alzan, hace calor pero huele a frío. Sigo sientiendo un sabor amargo en mis labios, ha infectado todo mi sistema digestivo, no hay vuelta a atrás, las palpitaciones no han dejado de aumentar desde ese día. Smile like you mean it....no puedo, sonreir sola no es conveniente. Una ventana, limpia, transparente que encierra movimiento, que refleja una realidad cotidiana. El cielo sí sonrié, veo risas anaranjadas, otras rosadas, risotadas amarillas. Recuesto mi cabeza en el espaldar, trato de contar las nubes, que se confunden entre las ramas de los árboles. Sigue oliendo a frío. El cielo cambia su semblanza, me ofrece muecas grises y azules oscuras, entre las que se esconden chillidos turquesas. Suspiro....suspiro y respiro. A caminar otra vez por el asfalto roto y la tierra tibia, mientras cae sobre mi espalda y se abalanza sobre mi pecho una luna casi llena y muchas nubes desmenuzadas sobre un fondo azul oscuro y gris. Casi llego, un olor a lavanda perfuma cinco milisegundos del camino. Una puerta roja....suspiro.
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