Divangando sobre escapes...
Un escape siempre es necesario, un escape de la realidad que nos abruma y que nos manda toneladas de tareas. Escapar de nuestra mente que sin cesar piensa y procesa. Volar de la rutina por escasos segundos, para volver a caer en su magnética naturaleza.
Hace tiempo que una idea surgió en mis lóbulos alterados y se ha nutrido de realidad o de simulacro. Todos creen que el mundo es “circular”, término vago que se refiere a que la Tierra es una esfera achatada en los polos y ensanchada en la línea ecuatorial. Si bien el mundo es “circular” está poblado de habitantes cuadrados, de esquinas que llevan a más esquinas y no a salidas. A la final no somos más que obreros, máquinas de carne y hueso (término trillado lo sé). Vivimos esperando salir del hoyo, buscando esa esperanza que pintará siempre un sol en el cielo, inclusive en la peor de las tormentas. Nos enseñan desde pequeños a acoplarnos a la sociedad, a actuar por obligación, en lugar de convicción y mucho menos por pasión. Somos unos malditos obreros sin gustos, ni pensamientos, ni necesidades; produciendo en masa, series y series de idioteces.
Un respiro o mil ¡por favor!, dos segundos de vuelo, tres pasos en una calle desierta, cinco caras desconocidas hablando de cosas desconocidas, notas estridentes de canciones pasadas, palabras distantes. Vivir por vivir.