Caminó bajo la lluvia, sin paraguas y con un tabaco medio acabado. Miraba la catedral y sus deformes sombras, pero no tenía miedo…las conocía desde siempre, por que las había visto antes, en varios sueños que mas parecían largos viajes hacia adentro de su triste humanidad. Abrió los ojos y suspiró. Un avión que pasaba cerca del techo dejó una estela de nubes blancas que en medio del cielo azul dibujaron la indescifrable palabra que se movió hasta el concreto para decir ¡Locura! No le molesto, nada le molestaría…tenía su tabaco y pronto Débora regresaría de la muerte, toda blanca, seca de sangre y sonriendo. Y los niños cantores llorarían recordándola. Dejó su tabaco a medio acabar en la mesa, salió por la puerta y aspiro el frio aroma de la tarde, sacio sus pulmones con el aroma del eucalipto y se dijo a si mismo que volvería. Nadie desaparece sin dejar rastro, tenía que estar con él Abu…perdida, perdidos, extasiados de libertad…cantando solos en la noche de luna creciente “No mires al sol me decía mi mamá” repitió al salir de la calle. Pateaba las rocas esparcidas por el pavimento. Empezó a silbar una canción de los Beatles, la única que bien o mal se sabía…Lucy in the sky with diamonds, oh si!...silbar como un poseído mientras el mundo lo olvidaba, y solo sentía el barro en sus zapatos, los que le había regalado su abuela muerta hace 15 años. Siguió su camino mientras la tarde caía con lentitud a sus espaldas. El aire se hacía cada vez más pesado porque estaba llegando a las viejas ruinas, donde se sacrificaban mendigos…pero no había problema, era el mejor trip de su vida y todo era tan, tan suave como la cola de un conejo blanco. Se despertó con la imagen de ese animal en su mente, abrió la ventana y admiró el paisaje que se extendía hasta donde su miope vista alcanzaba, o sea tres metros. Rio y
sintió el miedo en su alma, Don Guido y su terrible venganza se acercaban como una terrible venganza, se acercaba como una nube negra; un aviso de fría incertidumbre se sentía en la casa. Don Guido como siempre con su cara de pocos amigos, la ausencia de palabras fue el castigo que cayó sobre sus cabezas que les llego hasta lo más profundo de su chungo cocorocó, y desoló lo poco de alegría post – chuchaqui que hizo volar su corazón, pero ya que importaba todo, la Liga goleó como siempre al Barcelona. Los hinchas festejaron el triunfo con demasiada emoción, la pizza llegó justo a tiempo para alimentar al niño gordo que habitaba en Nayón.
Muestras varias y escritos diversos. Cuentos, elucubraciones, experimentos, observaciones, imaginario individual y colectivo. Lo que veo y reflejo.
viernes, 23 de julio de 2010
Cadáver exquisito.
Tiago Nihil
Gabi Baal
lunes, 5 de julio de 2010
En construcción....
Despierto con los párpados pegados, el sueño no quiere dejarme y se refunde en la almohada. Hace frío afuera, así lo predijo el gadget meteorológico, hasta que por fin acierta. Me cepillo los dientes, mientras listas mentales se aglomeran en la materia gris. El día transcurre entre monedas contadas, galletas de chispas de chocolate y niños con caras manchadas de betún. Un lugar solitario en la parte de atrás de un auto me basta, no necesito hablar, escucho nada más y fijo mi vista en esas letras tan perfectamente impregnadas en sus respectivas páginas. Ante mis ojos se construye la imagen de un hombre que empezó sus trabajos en los jardines de Tebas y se encamina hacia la Ciudad de los Inmortales. Dejo sus hazañas para otro momento, la ciudad está casi completamente despierta, los rayos de sol apenas calientan la piel, mas no los huesos.
Dos horas de señales de tránsito, semáforos y marcas pintadas en las calzadas, con chistes malos y sonrisitas falsas de intermedios. Gotas esporádicas rozan la superficie de la ciudad en su hora más sucia y caótica. Un queso de manjar de leche le da al hambre un descanso. Un regalo adelantado de cumpleaños, una calle con exceso de curvas y el cielo que adquiere todas las tonalidades posibles de gris, terminan con el mediodía.
Ahora el sueño mañanero vuelve con precisa puntualidad a las cuatro de la tarde. Una película de murciélagos mutantes y asesinos ofrece un festín de gritos para los incrédulos de la casa, el final queda en veremos, afuera llueve con fuerza.
La noche se muestra apacible, como queriendo ser serena. Otra vez el asiento trasero de un auto, los ojos cerrados y saboreando mentalmente un plato gourmet de risotto con camarones. No necesito hablar, ni escuchar, no necesito saber de itinerarios de viaje tampoco. Termino ahora con un pensamiento intenso taladrándome, lo ha hecho todo el día, al principio apenas imperceptible, y mordiéndome las uñas. En esta estado de fugaz tristeza y fugaz felicidad, las palabras se traban en el limbo, lo que se escapa son frases en construcción....
Dos horas de señales de tránsito, semáforos y marcas pintadas en las calzadas, con chistes malos y sonrisitas falsas de intermedios. Gotas esporádicas rozan la superficie de la ciudad en su hora más sucia y caótica. Un queso de manjar de leche le da al hambre un descanso. Un regalo adelantado de cumpleaños, una calle con exceso de curvas y el cielo que adquiere todas las tonalidades posibles de gris, terminan con el mediodía.
Ahora el sueño mañanero vuelve con precisa puntualidad a las cuatro de la tarde. Una película de murciélagos mutantes y asesinos ofrece un festín de gritos para los incrédulos de la casa, el final queda en veremos, afuera llueve con fuerza.
La noche se muestra apacible, como queriendo ser serena. Otra vez el asiento trasero de un auto, los ojos cerrados y saboreando mentalmente un plato gourmet de risotto con camarones. No necesito hablar, ni escuchar, no necesito saber de itinerarios de viaje tampoco. Termino ahora con un pensamiento intenso taladrándome, lo ha hecho todo el día, al principio apenas imperceptible, y mordiéndome las uñas. En esta estado de fugaz tristeza y fugaz felicidad, las palabras se traban en el limbo, lo que se escapa son frases en construcción....
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