Muestras varias y escritos diversos. Cuentos, elucubraciones, experimentos, observaciones, imaginario individual y colectivo. Lo que veo y reflejo.

martes, 8 de marzo de 2011

Piloto

Publicación escrita para Revista Horchata, Noviembre de 2010.

Un niño en el parque se columpia hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás. Cada vez más rápido, tanto que el viento hace que entrecierre sus ojos. Ya no siente pesadas sus piernas, ha dejado cerrados sus ojos. Ya no está más sentando en un columpio rojo cualquiera, en un parque verde cualquiera, de una ciudad gris cualquiera. Tiene una bufanda amarilla en el cuello, unos lentes de aviador y pilotea una Cessna 182, como la que construyó su abuelo pieza por pieza y que exhibe en una vitrina de la sala, vuela sobre valles, lagunas nevados, bosques gigantes, entra y sale de la nubes. Mientras avanza el cielo se vuelve cada vez más azul, vislumbra embobado el magnífico firmamento. Un vacío de tres segundos en el estómago después y está tirado de espaldas con las rodillas ensangrentadas, en un parque verde cualquiera, de una ciudad gris cualquiera.
Una joven sale del salón de clases, se acostumbrado a las ojeras que la acompañan desde hace una semana. Arrastra los pies por el piso de piedra, hasta llegar al lugar donde en la mañana ha dejado su bicicleta, se sube en ella y empieza a pedalear, siente que con cada movimiento, los músculos de todo su cuerpo rechinan de dolor. El camino de regreso a casa es largo, la noche cubre las calles, los borrachos zigzaguean en las esquinas. Ante sus ojos se desplaza un desfile de luces, amarillas, verdes, rojas, más amarillas, apenas puede mantenerse despierta. La ruta se la sabe de memoria, seguir recto, curvar a la derecha, recto otra vez, girar a la izquierda una vez y dos veces, seguir derecho con la vista al frente por aproximadamente cinco minutos, girar a la derecha y parar en la casa del árbol de guayaba, abrir la puerta, guardar la bicicleta y listo. La misma ruta, todos los días, todas las noches, todas las tardes…vista al frente por aproximadamente cinco minutos, sus ojos empiezan a cerrarse, gira a la derecha, cierra sus ojos por un instante, entre sombras mira a lo lejos el árbol de guayaba. Risas tímidas sacuden su cerebro, no hay ningún árbol de guayaba frente a ella, solo una pared blanca y un dolor inhumano al final de su espalda, nunca pedaleo, su cerebro piloteo en automático hasta su casa, mientras su cuerpo dormía montado en su bicicleta.
Dejando suposiciones y sueños atrás la verdad es que todos los seres humanos somos pilotos de nuestras vidas y de nuestros destinos, desde que adquirimos conciencia de nuestro papel en este mundo. Manipulamos una y otra vez los controles de nuestras “vanas existencias”, aceleramos, a fondo, maniobramos, frenamos a raya, zarpamos, despegamos. Subimos a la nave y nos sentamos frente a los controles de mando, respiramos, despegamos y esperamos no chocar. Algunos pilotean naves pequeñas, tan solo aeroplanos, realizan viajes de corta distancia. Otros, más ambiciosos quieren alcanzar el límite último del cielo. Hay algunos que nunca dejan el suelo, dan vueltas alrededor de la misma pista, una y otra vez, una y otra vez, siempre con el casco puesto, apretándoles el cerebro. Estamos cansados de “lo mismo de siempre”, esperamos desesperadamente que ese cambio de rumbo (para nuestras vidas) caiga del cielo. Somos los pilotos, siempre lo hemos sido, sólo nos da miedo salir de la cuadrícula.
“Los aviones se caen porque están cansados”, los pilotos se duermen porque se aburrieron del mismo panorama.

No hay comentarios:

Publicar un comentario