Muestras varias y escritos diversos. Cuentos, elucubraciones, experimentos, observaciones, imaginario individual y colectivo. Lo que veo y reflejo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Crónica Perdida: El mundo de hoy.

Volvieron los días fríos y el cielo gris cada vez se parece más al asfalto. Afuera del centro comercial, dos buses azules están estacionados junto a la parada. El bus N°12 llega minutos después y se coloca a uno de los extremos de la parada. Dos jóvenes asiáticos con prisa se dirigen hacia el bus: impacientes. Camino detrás de ellos y el frío me hace acelerar el paso.
Dentro del bus siento como el calor sube por mis piernas hasta poblar poco a poco mi cuerpo y descanso mi espalda contra el asiento. Afuera el conductor fuma un cigarrillo con calma rutinaria. Varios pasajeros más se acomodan en los asientos del bus N°12.
Un leve aroma a cigarrillo se percibe cuando el conductor toma su puesto detrás del volante. 3:17 p.m. Las puertas del bus se cierran y avanza paralelamente a la parada. Antes de dejar atrás el parqueadero del centro comercial, el conductor recoge a un último pasajero.
Sube e introduce seis monedas de 25 centavos en la máquina cobradora. El autobús ya está en movimiento cuando con paso lento se dirige a uno de los asientos delanteros. En una de sus manos lleva una bolsa. En letras verdes repetitivas se lee: “ONEDOLLARSTORE”. Se sienta.
Tiene puesta una chaqueta azul de tela impermeable, viste unos pantalones color beige con manchas apenas perceptibles a un asiento de distancia. Sus zapatos son blancos, deportivos y de velcro. Saca de su bolsa un paquete de papel de cocina marca “Bounty”, lo examina cuidadosamente y lo vuelve a guardar en la bolsa. Saca ahora un envase de limpiador de vidrios “GlassGlo”. Fija la mirada en el líquido azul, muy semejante al color de su chaqueta. Lo guarda en la bolsa. Mis ojos retoman su posición anterior, en sus zapatos: sus medias tienen agujeros.
No escucho más que las letras vanas que salen de los audífonos encajados a mis oídos. Y no veo más allá que de esa chaqueta azul eléctrico.
Su cabello gris blanquecino está peinado con esmero hacia atrás. Las arrugas de su cuello son pronunciadas. No puedo ver su rostro. Se refriega varias veces los ojos. Mueve sus manos jugando con la bolsa. Mantiene la mirada atenta al camino.
Llego a mi destino. Varios pasajeros más se ponen de pie. Avanzo hacia la puerta delantera, no sin antes dedicar un vistazo más hacia atrás. Veo su rostro cansado. Sus pequeños ojos negros brillan y se esconden entre los pliegues del tiempo.
Me bajo y cuando miro hacia atrás, solo está el azul eléctrico del autobús alejándose por el asfalto que cada vez se parece más al cielo gris.
“No quiero pensar en toda la tristeza del mundo de hoy” F.P.

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