"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga".
Denis Diderot.
Nacemos expuestos, con la "mente vacía". La sociedad nos mece en sus brazos para luego aventarnos al aire. Caemos, todos caemos, en algun instante de nuestra vida. Somos libres en apareciencia, pero vivimos esposados a la inevitable realidad. Yo nací también expuesta, nací libre en apariencia y caí. Siempre supe identificar ese leve destello que distingue lo que es de lo que no es. Lo común no se equipara a lo sobresaliente. Viví con condiciones, pero sin ellas. Acepté las verdades que me pegaba en el rostro, no llegué a ser una marioneta más, no acepté usar un antifás. Gritaba porque podía gritar. Pero caí, caí. Me miré al espejo y no sonreí. Borré con el codo las líneas que escribía. Las mentiras con moños no parecen tan malas. Las masas las ofrecen y las compran. Una mentira blanca a cambio de autoestima, una mentira negra a cambio de dignidad. No son los monstruos los que nos asustan, nos aterroriza simplemente ser. Un día eres lo que eres y otro día ya no. Entras en un red que masifica pensamientos, "superficializa" sentimientos y caes. El vacío asusta menos que la certeza. Camino por la calle decepcionada por lo que soy, anhelando lo que fui. Me ofrecieron mentiras de etiqueta, servidas en bandeja de plata. Las acepté sintiendo murmullos lentos de insatisfacción. ¿Qué máscara tengo que usar hoy?
He perdido miles de líneas, ahora las intentaré recuperar. Me quito una máscara, la boto. Me quito otra la lanzo al viento. Ya no quiero pasos rápidos, quiero arrullos lentos. No quiero estribillos sin sentido, quiero melodías melancólicas. Quiero recuperar mis líneas perdidas y beber a grandes sorbos la verdad añejada que dejé atrás.
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